Medardo Ángel Silva
Nace:
en Guayaquil en 1899-1919. Escritor y poeta ecuatoriano. Formación
realmente autodidacta y origen humilde, ejerció como maestro de escuela; quizá
su condición de mulato influyó en el pesimismo que llenó su vida, en una
sociedad todavía lejana del sentimiento humano de la comprensión y la
convivencia. No se ha podido concretar si lo impulsó al suicidio un desengaño
amoroso o si murió a manos de un rival por celos.
Medardo Ángel Silva
Descendiente de una familia de músicos, su padre fue pianista y
afinador de pianos, don Enrique Silva, su madre fue doña Mariana Rodas Moreira.
Estudió la primaria en la Filantrópica e inició la secundaria a los 11 años en
el Colegio Nacional Vicente Rocafuerte. Debido a distintas circunstancias
abandona sus estudios y empieza a trabajar en imprentas, asimismo como profesor
secundario. Vivió en la casa de sus padres junto a Ángela Carrión Vallejo, con
quien tuvo a su única hija, María Mercedes Cleofé Silva Carrión.
Desde temprana edad
escribe versos que envía a periódicos locales, sin embargo, tuvo que esperar
algún tiempo ver publicados sus escritos, fue en la revista literaria Juan
Montalvo que tiene su primera aparición pública; en adelante su carrera sería
imparable, se dio a conocer en los círculos literarios hasta merecer el respeto
y la admiración de poetas, escritores, periodistas, entre otros, con los que
mantenía amistad y correspondencia.
La obra de Silva se contiene en dos volúmenes: El árbol del bien y del mal, que él mismo editó en
1917, y Poesías escogidas, una selección que Gonzalo Zaldumbide
publicó en 1926 en París. Fue también autor de prosas poéticas y de una pequeña
novela titulada María Jesús. Medardo Ángel Silva
fue el menor y acaso el más importante poeta de la generación del novecientos
que introdujo el modernismo en la literatura ecuatoriana.
Poeta del dolor, del "spleen", del amor imposible, del hastío
de vivir, dejó algunas de las más bellas páginas de la literatura ecuatoriana.
Estuvo, como sus compañeros de generación (Arturo Borja, Humberto Fierro, Ernesto Noboa y Caamaño)
bajo la influencia directa de los simbolistas franceses, especialmente de Verlaine y Baudelaire.
Padeció el "mal del tedio", y toda su obra, de gran pureza formal, es
un canto de amor a la muerte.
Él dijo que me amaba, tendría yo entonces entre 14 y 15
años, muy joven, escasa experiencia, fácilmente sugestionable. Fuimos
enamorados corto tiempo; si yo lo hubiera amado realmente jamás habría sido
feliz a su lado.
Testimonio de Rosa Amada
Villegas
